Cachi, corazón del Alto Valle Calchaquí, conquista al viajero con la inmensidad de su paisaje, su arquitectura colonial, la arqueología preincaica y también con el sabor de sus vinos, en los que se reconocen características particulares, propiciadas por la altitud de sus viñedos (entre 2300 y 2500 msnm).

Allí, a pocos pasos de la plaza del pueblo, se encuentra enclavada la Finca y Bodega Isasmendi.

La propiedad de 3 hectáreas, que comprende la antigua casona y los viñedos, fue adquirida por Ricardo Isasmendi y su esposa Sylvie Bonnal en 2005. Antes perteneció al noruego Arne Hoygard, muy querido y respetado por el pueblo, que ya elaboraba vino mientras ejercía con excelencia su profesión de médico. Es así como la nueva familia propietaria asume la responsabilidad de valorizar este lugar pletórico de historia significativa, cuyo patio, corazón de la casa-bodega- que disfrutaron personajes de la talla de Juan Carlos Dávalos- ha sido, y seguirá siendo, el espacio de cordiales reuniones, en torno a un rico torrontés y a la sombra de la parra.

La familia Isasmendi cuenta con una historia vitivinícola que se remonta al año 1831, cuando el último gobernador realista de Salta, Don Nicolás Severo de Isasmendi, fundó la Bodega Colomé. En 1854, su hija Asunción, casada con José Benjamín Dávalos, introdujo las vides Cabernet Sauvignon y Malbec desde Francia. Actualmente Colomé es la bodega más antigua de la Argentina. Perteneció a la familia durante 170 años, hasta que el grupo Hess la adquirió en 2001. Por eso la historia de la nueva Bodega Isasmendi, se remonta por tradición familiar al siglo XVII.

Hoy, Bodega Isasmendi es un emprendimiento familiar del que participan abuelos, padres y nietos, todos muy bien asesorados y motivados por el abuelo Jean Paul Bonnal, padre de Sylvie, un francés radicado hace tiempo en Argentina y apasionado por el arte vitivinícola y enológico, del que se impregnó desde muy pequeño en su querido terroir francés. Su amor, su dedicación, su esfuerzo, su constancia, hasta su capacidad de comunicarse con las uvas, invisten el procedimiento de una magia especial, que se traduce, sin duda, en el producto final.

El visitante es siempre un amigo: escucha la historia del lugar y se le explica el proceso de elaboración y cómo, con pasión genuina y a puro pulmón, fue evolucionando cada vendimia al lado del abuelo, con el anhelo de que siempre permanezca en familia. No faltará la degustación de un Cellarius o un Bonnal, de una botella recién fraccionada y hasta de la misma barrica, a la sombra del molle que embellece el patio y frente a una naturaleza paradisíaca y autóctona, en la que se interconectan los viñedos con los cerros de Cachi.